Hallazgos Emblemáticos
Hallazgos emblemáticos

Un conjunto epigráfico de cinco inscripciones, colocadas en el muro del fondo frente a la puerta de acceso del foro, forman un podio corrido con zócalo y cornisa sobre sillares. Para evitar el deterioro de las piezas originales, se situaron réplicas exactas frente a las inscripciones in situ. Los textos tienen letras capitales cuadradas y están inscritos en forma de tabula ansata. Las cinco inscripciones componen dos homenajes, dos inscripciones auto-conmemorativas y una dedicatoria de carácter votivo (al culto a la Victoria en las provincias peninsulares). Fue promovido por miembros de la élite de la zona: M. Fabius Nouus y Porcia Fauentina, representados en las inscripciones auto-conmemorativas y con una escultura respectivamente, con la intención de imitar a los programas imperiales en otros foros. . Pueden datarse del siglo I d.C., probablemente en época julio-claudia. Con estas inscripciones podemos auxiliar a otras que se han encontrado descontextualizadas o aportar al conocimiento de la autorepresentación local.
En la campaña del 2015 se descubrieron dos pedestales de época imperial en excelente estado de conservación. Estos están dedicados al emperador Tiberio y Lucio César, tallados en piedra arenisca local y se cree que adornaron un lateral del foro romano de esta ciudad.
El primero está dedicado a Tiberio, datado alrededor del 31 y 32 d.C., mide un metro de alto y cerca de setenta centímetros de profundidad. La dedicatoria que tiene está repartida en ocho líneas bastante legibles. La Fundación Uncastillo declara: "Se trata del más completo homenaje a Tiberio de cuantos se conocen en el Aragón romano y uno de los pocos -apenas una decena larga- que se conocen en la Hispania romana". Javier Andreu, profesor de la Universidad de Navarra y director de la excavación, comenta que es una dedicatoria en la que Tiberio es descrito como hijo de Augusto, nieto de Julio César y hace alusión al quinto consulado y trigésimo tercera tribunicia potestas de este emperador. La dedicatoria la hizo Quinto Sempronio Vitulo, oficial de caballería, que casi se puede asegurar que es originario de Los Bañales pero sirvió fuera de Hispania.
Por otro lado, el dedicado Lucio César se calcula aproximadamente entre el 2 a.C. y 14 d.C. con el mismo alto pero un poco más pequeño que el anterior. Su inscripción es más concreta, dos líneas solamente, en las que presenta una dedicatoria a Lucio César, proclamado como hijo de Augusto. Es realmente hijo del gran general Agripa y de Julia, hija del primer emperador; al morir su padre, Augusto lo adoptó y colocó, junto a Cayo, como herederos del Imperio.
La sociedad romana, pese a su pragmatismo, era también muy supersticiosa y espiritual. Tenían auténtico pavor al mal de ojo, un tipo de maldición que provoca daño con la mirada. Es una conjura que puede hacerse involuntariamente o como una práctica de nigromancia. De igual manera, creían que había una forma de protegerse de él.
Los amuletos con funciones apotropaicas se convirtieron en uno de los métodos contra el mal de ojo más populares, en concreto los amuletos fálicos o fascinum. El pene en época romana no tenía tanta carga erótica, puesto que estaban presente en la vida diaria a través de la iconografía general, aunque sí que se consideraba algo extravagante, residiendo ahí su capacidad apotropaica. Al tener esta naturaleza, el aojador vuelve la mirada y la maldición no logra perpetrarse.
Estos amuletos presentan diversos materiales, desde el vidrio al oro, y formas, pudiendo ser trifálicos, con mano fica (puño cerrado con el dedo pulgar entre el índice y el corazón, símbolo sexual con funciones apotropaicas), testiculares, alados... Pero suelen coincidir en sus pequeñas dimensiones, entre los lo que centímetros, lo que lleva a pensar que podrían ser utilizados por niños de corta edad y mujeres. Solían ser colgantes, es decir, que tenían una pequeña argolla por la que se pasaba un cordel o cadena, para que el amuleto fuese llevado a modo de collar.
De estas características es el amuleto fálico de Los Bañales, hallado por María Campoy en la campaña de excavación de 2018. Este amuleto fálico colgante de apenas 1,5 centímetros apareció en una de las estancias de la domus, presenta una mano fica, un falo y dos testículos y se data entre el siglo I -II d.C. Que el material elegido fuese el oro es poco habitual (abundan los de bronce), dándonos a entender la importancia que tenían Los Bañales.
Durante muchos años estas piezas se ocultaron por pudor, al clasificarse como piezas eróticas u obscena, creando incluso museos secretos como el de Nápoles o publicaciones al respecto en lenguas clásicas para hacerlo más inaccesible. Gracias a hallazgos como este de Los Bañales, se revitaliza su estudio y nos acerca más a las sociedad romana y sus creencias.

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